Deceso de Michel Lapeyre
Posted by serendipia on noviembre 7th, 2009
Del lazo social subvertido por el psicoanálisis
Pierre Bruno – psicoanalista
El diario L’ Humanité en su edición del viernes 30 de octubre dio cuenta del fallecimiento de Michel Lapeyre, psicoanalista de Toulouse, ex catedrático de la Universidad de Toulouse-Le Mirail, militante comunista y autor de numerosos artículos y obras de psicoanálisis (1). En 2009, en Albi, sostenía aún un seminario muy concurrido, cuyo título es una cita de Lacan: «Cada individuo es un proletario». Su recorrido fue el de un psicoanalista dedicado, en su práctica como en sus escritos, que no edulcoraba ni medicalizaba ni psicologizaba el descubrimiento freudiano. En sus opciones asociativas, ya en la Escuela de la Causa Freudiana o en la Asociación de Psicoanálisis Jacques Lacan, pasando por los Foros del Campo Lacaniano, hizo siempre una consideración en primer lugar: una asociación de psicoanálisis debe funcionar de tal modo que la relación de cada asociado (analizante, analista u otro) con el deseo del analista pueda ser descubierto y preservado. Las líneas que siguen están dedicadas a él, quien fuera un gran lector.
La cura psicoanalítica ha cambiado mucho después de Freud, aunque sigue siendo la misma. Me explico: ha cambiado mucho a causa del aumento de su extensión (pero recordemos que Freud veía a sus analizantes cinco veces por semana, es decir, mucho más frecuentemente); ha cambiado sobre todo porque el fin de la cura se convirtió en un problema prioritario (mientras que ese problema no fue planteado por Freud sino tardíamente) y porque gracias à Lacan la definición de ese final es nueva. Ya no corresponde al momento en que el analizante piensa poder dejar de recurrir a su analista (lo cual es un criterio de curación), sino en el momento en que un analizante acepta poder perder a su analista (lo que es un criterio de mutación subjetiva). Dicho de otro modo, en el momento en que un sujeto ha realizado las suficientes vueltas para saber lo que lo ha determinado, tropieza con el borde de ese saber, a partir entonces ya no se reduce a lo que le ha determinado, sino es sustraído de ello. Siendo esto así, cuando leemos las rendiciones de cuentas clínicas de casos, escritas por Freud (desde Dora hasta el Hombre de los lobos), quedamos estupefactos a veces al constatar que ya están allí presentes todas las artimañas, las faltas y las limitaciones del sexo en la relación infinitamente problemática del sujeto con otros seres hablantes.
Una de las críticas que continúa acarreando el psicoanálisis apunta al hecho de que estaría replegado sobre el individuo. Esa es una necedad basada en la ignorancia. Lo mejor para replicar a eso es citar una ya antigua (1956) frase de Lacan: «La satisfacción del sujeto se realiza en la satisfacción de cada uno, es decir, de todos aquellos que (el psicoanálisis) asocia en una obra humana.» Hay que destacar que la conclusión de una cura no está ni en la restauración del ego, ni en una escultura de sí, sino en la capacidad adquirida del sujeto para consentir que el otro sea un sujeto al mismo título que el mismo, es decir, no un semejante (base del comunitarismo, es decir, del racismo) sino un desemejante. Entonces, lo que se pone en obra en un psicoanálisis es la subversión del lazo social. Adjuntemos que ello no se logra sino mediante el paso del individuo por lo íntimo (heimlich, decía Freud) poniendo a prueba lo Unheimlich aterrador para superar el miedo de vivir. Sin ninguna duda, Michel Lapeyre habría firmado esas líneas. Él tenía la idea, y es lo más precioso de sus legados para nosotros, que el ser humano es un asociado al que le incumbe la elección de saber por qué se asocia.
(1) Leer Au-delà du complexe d’Œdipe, Ediciones Anthropos, 1997.